
Construidos con una lámina de cristal, gelatina o acetato, absorben o transmiten una parte específica de la luz que los atraviesa con el fin de modificar el tono o el color de esa luz o de alterar o deformar la imagen que llega al sensor de nuestra camara. La mayor parte se usan montados en la parte frontal del objetivo, tanto en fotografía en blanco y negro como en color.
Algunos actúan con tal sutileza que pasan desapercibidos, mientras que otros transforman por completo el aspecto del motivo creando efectos impresionantes.